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Parto en el agua, ¿una opción segura para la madre y el bebé?

Cada vez son más las madres que consultan la posibilidad de un parto en el agua. El número de hospitales que cuentan con salas equipadas con bañera es creciente. Una de las preguntas más habituales es si el parto en el agua representa un problema de seguridad. Para analizarlo es preciso distinguir las dos fases del parto: dilatación  y expulsivo.

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La bañera, una buena ayuda para la dilatación

Distinguir la dilatación –desde el inicio del parto hasta la dilatación completa– y el periodo expulsivo –desde la dilatación completa hasta la salida al exterior del recién nacido– es imprescindible a la hora de analizar el parto en el agua. En la fase de dilatación, sumergirse en agua templada o caliente para algunas madres se ha asociado a diversos beneficios subjetivos, fundamentalmente una mejoría en la percepción del dolor y una mayor relajación física y psicológica. Estos aspectos seguramente influyen también en datos objetivos, y así en algunas pacientes la utilización de una bañera puede favorecer una duración menor de la fase de dilatación. Esto es especialmente así en casos en los que no se utiliza anestesia peridural.

Por otra parte, tan allá como sabemos, en pacientes de bajo riesgo, no existen efectos adversos por la utilización de la bañera durante la dilatación. Por tanto, considerando los beneficios y la falta de riesgos, sumergirse en agua para acompañar el trabajo de parto, es aprobado como una opción más por las sociedades científicas internacionales. En este sentido, el incremento del número de bañeras de dilatación en los hospitales forma parte de la evolución hacia una sala de partos moderna y personalizada.

Los riesgos de nacer bajo el agua

Al contrario que la dilatación, el expulsivo bajo el agua, especialmente la salida de la cabeza del bebé en agua, representa un riesgo. En la mayoría de los casos si el bebé nace en el agua no aspirará líquido, gracias a un reflejo que tenemos los mamíferos, llamado en inglés diving reflex (algo así como “reflejo de inmersión”), y que es especialmente marcado durante los primeros meses de vida. Así, cuando la cara, nariz y boca perciben que hay agua, se contiene la respiración de forma refleja. Sin embargo, esto sucede hasta un momento determinado. Cuando se produce una falta de oxígeno profunda y/o prolongada finalmente se pierde el reflejo. Esto hace que si un feto sufre una bajada pronunciada de oxígeno (hipoxia) en los últimos minutos del parto, nada más sacar la cabeza fuera de la madre aspirará.

Ciertamente, la hipoxia es poco muy frecuente si el parto ha evolucionado bien, y normalmente se puede prever con el control de la frecuencia cardíaca fetal. Pero, como todo en medicina, no siempre se puede detectar. Por tanto, se trata de una probabilidad baja (obviamente siempre que el parto sea realmente de bajo riesgo y se haya controlado adecuadamente), pero incluso en las mejores manos, la existencia de una bajada transitoria de oxígeno es imposible de descartar con certeza en todos los casos.

Así, si el bebé ha sufrido una bajada brusca de oxígeno pocos minutos antes de salir, va a aspirar agua, un líquido además séptico que le puede producir una neumonía grave.

Consentimiento informado o nacimiento fuera del agua

Así, aunque el riesgo es muy bajo, todos los hospitales y servicios de neonatología han vivido casos de partos en el agua, en hospital o en casa, complicados con aspiraciones. Esto puede suponer días o semana de ingreso del bebé en estado grave, e incluso en algunos casos la muerte. Por este motivo, las sociedades científicas internacionales, si bien reconocen la rareza de esta complicación, por su potencial gravedad recomiendan evitar la salida de la cabeza bajo el agua. Esto se consigue vaciando la bañera (equipan un sistema de vaciado rápido) o con la salida del feto fuera de la bañera.

La mayoría de hospitales, o bien no aceptan la práctica de la salida de la cabeza del bebé en el agua, o bien informan a las madres del riesgo, y sólo permiten la práctica en casos muy seleccionados y bajo un consentimiento informado en el que los progenitores aceptan conocer los riesgos y los asumen.

Prudencia e información veraz

En conclusión, es muy importante que cuando unos progenitores consideran una de estas opciones, se informen de forma adecuada. La información precisa y fundamentada en evidencias científicas permitirá que opciones como la bañera durante el trabajo de parto, se utilicen de forma prudente y aprovechando todos los beneficios que pueden aportar, sin incrementar los riesgos.

Por Eduard Gratacós