Analíticas: ¿cuántas, cuándo y para qué sirven?

Los análisis de sangre y orina durante el embarazo se usan para saber cuál es tu grupo sanguíneo, tus niveles de hemoglobina para poder detectar la presencia de anemia, cómo es tu situación de inmunidad frente a enfermedades infecciosas, si eres potencialmente diabética durante la gestación entre otros parámetros. También comprueban los niveles hormonales y detectar tu inmunidad frente a enfermedades infecciosas como la rubéola o la toxoplasmosis. Si tu embarazo evoluciona con normalidad y es de bajo riesgo lo normal es que te realicen tres analíticas, distribuidas una en cada trimestre.  

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Analítica del primer trimestre

Se realiza sobre las 10 semanas de embarazo. Está compuesto de:

Una analítica básica de sangre. Sirve para valorar algunos elementos por separado (glucosa, hemoglobina), y se hace junto a una de anticuerpos para valorar la situación de inmunidad de la madre frente a determinadas enfermedades infecciosas. Las más importantes son las hepatitis víricas, la rubeola, el VIH y otras como la sífilis. Si la madre tuviera cualquiera de estas infecciones durante la gestación, es importante saberlo y en algunos casos poderlo tratar para evitar transmitir la enfermedad al bebé; el cribado no se repite a no ser que la madre haya vivido situaciones de riesgo durante el embarazo (cortes con material contaminado, sexo sin protección, etc.). También se estudia si la madre tiene inmunidad o no frente a la toxoplasmosis, ya que si no es así, existiría riesgo de infectarse durante el embarazo y por tanto se deberían de tomar medidas de precaución.

Cada vez se resalta más la importancia de realizar una “consulta preconcepcional”, es decir, una consulta antes de que se produzca el embarazo, para planificarlo adecuadamente y realizar un análisis sanguíneo a la madre para detectar posibles alteraciones que se pueden corregir antes de la concepción, para que el embarazo se desarrolle con normalidad.

Un análisis de orina. El estudio del contenido de la orina permite examinar si existen bacterias en la misma así como determinar la presencia y la cantidad de proteínas.

La determinación del grupo sanguíneo y Rh y el test de Coombs indirecto. Existen hasta ocho grupos sanguíneos: A, B, 0 y AB, cada uno de los cuales puede ser Rh positivo o negativo. Cada persona tiene un grupo sanguíneo específico y no tolerará transfusiones de sangre de otro grupo para el que fuera incompatible, ya que esto desencadenaría una reacción inmunológica de rechazo. Durante el embarazo, la madre y el bebé pueden tener grupos sanguíneos diferentes y convivir sin problema; esto se debe a que la sangre de ambos en realidad no se mezcla, sino que sólo intercambian nutrientes y productos de desecho en la placenta a través de una membrana. Sin embargo, durante cualquier procedimiento invasivo como una amniocentesis o de forma inevitable durante el parto, la sangre del bebé y de la madre se mezclan. Si la madre es Rh negativo y el bebé Rh positivo, la madre formará anticuerpos contra el factor Rh positivo presente en la sangre del bebé, que pueden atravesar la placenta en un próximo embarazo y dañar al feto si es Rh positivo de nuevo.

Para poder valorar si la madre ha desarrollado esta inmunidad frente a un factor Rh positivo, se realiza el test de Coombs indirecto a todas las embarazadas. Si este es negativo al principio de la gestación, las mujeres Rh negativas se deberán de repetir esta prueba entre las semanas 24 y 34 de embarazo, al menos dos veces, para tener la seguridad de que no se han formado anticuerpos anti-Rh positivo en ese tiempo. Si el test de Coombs indirecto es positivo hay que valorar el riesgo que tiene el embarazo, sobre todo el riesgo del feto de padecer anemia y determinar si es necesario realizar transfusiones sanguíneas al feto puncionando el cordón umbilical. El control del embarazo será entonces más estricto, con consultas y ecografías más frecuentes.

Si la madre es Rh negativo y da a luz a un hijo Rh positivo, se debe vacunar a la madre con gammaglobulina humana dentro de las 72 horas siguientes. Esta gammaglobulina hace que la madre no forme anticuerpos anti-Rh positivo y que un próximo embarazo de un bebé Rh positivo carezca de riesgo.

Dentro de las pruebas de rutina que se realizan a la embarazada, a todas las gestantes en el primer trimestre se les debe de ofrecer el estudio del riesgo de alteraciones como el Síndrome de Down y de Edwards, para ello se hace un estudio bioquímico determinando los niveles maternos de determinadas hormonas en sangre entre la semana 10-13 de gestación. Estos niveles en combinación con determinados marcadores ecográficos obtenidos entre la semana 11-13 nos permitirá calcular este riesgo.

Analítica del segundo trimestre

Se realiza entre la 24 y 28 semanas de embarazo. Se hace un hemograma, otro Coombs indirecto si la embarazada es Rh negativo, y serologías para determinar hepatitis B y toxoplasma (en el caso que sea negativo en el primero). Además se realiza el test de O’Sullivan para identificar a las embarazadas en riesgo de padecer diabetes gestacional.

Analítica del tercer trimestre

Se realiza sobre las 32 y 34 semanas. Se realiza otro hemograma y pruebas de coagulación. El estudio de la coagulación de la embarazada tiene consecuencias importantes, ya que de estar los parámetros dentro de la normalidad implicaría que existe un bajo riesgo de sangrado postparto y se puede realizar una anestesia epidural a la madre de forma segura si lo solicita. En el caso de detectarse alguna anomalía en la coagulación materna, podría implicar un riesgo elevado de sangrado postparto, o por el contrario una situación de riesgo de trombosis en la madre. Por eso, cualquier alteración de la coagulación deberá de ser valorada por un especialista y tratar a la paciente para reducir estos riesgos.