Por qué la nutrición en los primeros 1.000 días del bebé es clave para su correcto desarrollo neurológico

Según la evidencia científica, los primeros 1.000 días de vida son fundamentales para el crecimiento y desarrollo del niño. Lo que suceda en estos primeros meses y la nutrición que reciban puede influir en su salud, incluso cuando sean adultos. Nos lo cuenta Mérida Rodríguez, médico de familia y epidemióloga con doctorado en medicina maternofetal por la Universidad de Barcelona y la Universidad de Lund (Suecia), e investigadora en la Universidad Pontificia Javeriana de Cali (Colombia).

Mil dias bebe

¿Por qué son tan importantes los primeros 1.000 días del bebé?

El periodo de los 1.000 días es el tiempo transcurrido desde la concepción y vida fetal (270 días) hasta los primeros 2 años de vida (730 días). Esta es la etapa de mayor crecimiento en la vida. En ella tiene lugar el mayor incremento de número de células y el establecimiento de sus funciones. Es por ello que cualquier exposición durante este periodo puede generar cambios permanentes en la estructura o función de órganos y tejidos. La nutrición en esta etapa es un elemento vital para evitar estas alteraciones.

Se habla del desarrollo del cerebro en estos 1000 días ¿por qué?

El cerebro humano se mantiene en constante desarrollo durante toda la vida, sin embargo, los primeros 1.000 días constituyen el periodo de mayor crecimiento en el número de neuronas, mayor mielinización y mayor desarrollo de conexiones neuronales. Por lo tanto, este período de tiempo es de gran vulnerabilidad para el cerebro frente a cualquier exposición, como, por ejemplo, al déficit de nutrientes.

Si bien las calorías son esenciales para el crecimiento fetal y posnatal, no son suficientes para el desarrollo normal del cerebro. Las proteínas, el hierro, el zinc, el folato, el yodo, las vitaminas A, B6, B12 y D, y los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga son necesarios para el desarrollo neurológico y su deficiencia pueden dar lugar a cambios en la función cerebral. Por ejemplo, durante estos 1.000 dias el hierro tiene un importante rol en la producción de mielina y la síntesis de neurotransmisores. Estos procesos se relacionan a su vez con, el comportamiento, el afecto, la emoción, y aprendizaje y la memoria.

¿Cómo garantizar una adecuada nutrición durante los primeros 1.000 días del bebé?

 

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1. Cuidar la nutrición durante el embarazo.

La madre suministra oxígeno y nutrientes que el feto necesita para su desarrollo en el útero a través de la placenta, por lo tanto, una adecuada alimentación de la madre contribuye a que el ambiente dentro del útero favorezca el desarrollo fetal. Una deficiente alimentación puede ocasionar, por ejemplo, anemia y restricción del crecimiento fetal, mientras que el exceso de peso puede producir hipertensión arterial y preeclamsia. Estas complicaciones del embarazo, a pesar de afectar principalmente a la madre, influyen directamente en el feto y pueden ocasionar restricción del crecimiento fetal o prematuridad.

2. Alimentar al bebé con lactancia materna desde el primer minuto de vida.

En los primeros meses de vida la conexión madre-hijo continua, en este caso a través de la lactancia materna. Cuando el niño nace, su sistema inmune no está lo suficientemente desarrollado para combatir los virus y bacterias del ambiente extrauterino y para ello, necesita los anticuerpos de la madre. Es por ello que la lactancia materna es considerada la primera vacuna que recibe el niño. Lactar se asocia con mayor volumen de la materia gris del cerebro y, con ello, a mayor coeficiente intelectual y desarrollo motor y del lenguaje. Además, previene enfermedades de la infancia como las infecciones gastrointestinales, la otitis media, el eczema, entre otras. Incluso se ha documentado, que aquellos adultos que lactaron en la infancia tienen mejor desarrollo cognitivo, así como menores índices de obesidad, presión arterial y diabetes tipo2.

Se recomienda que la lactancia materna se mantenga de manera exclusiva durante los 6 primeros meses y combinada con los otros alimentos hasta los 2 años.

3. Cuidar la alimentación después del periodo de lactancia.

Después de los 6 meses de lactancia materna, se debe empezar a introducir nuevos alimentos. La introducción de alimentos también se conoce como ablactación y, en este proceso, debe tenerse en cuenta tanto el tipo de alimentos como la forma de ofrecerlos al bebé. Existen unas reglas que son importantes cumplir, por ejemplo, introducir un alimento a la vez y mantenerlo varios días antes de introducir uno nuevo (así se puede verificar si algún alimento le causa alergias). Aquellos alimentos que requieran cocción deben ser hervidos en agua, sin exagerar el tiempo para mantener las propiedades nutritivas del alimento.

No es necesario incorporar azúcar, ni sal, ni miel.

4. Seguir la secuencia correcta para la incorporación de alimentos.

Primero se debe empezar con las verduras. Dado que alrededor de los 6 meses el niño aún no tiene dientes, la preparación debe ser tipo papilla o puré. Se recomienda por ejemplo el puré de zanahorias, calabaza, patata, a lo que se le puede agregar aceite de oliva.

Alrededor de los 8 meses se introducen los cereales y legumbres como el puré de arroz, de lentejas o avena. Cuando los dientes empiezan a salir, se pueden dar trocitos de pan, de verduras y frutas cocidas, o aquellas con texturas suaves como el banano.

Alrededor de los 10 meses pueden introducirse las carnes blancas como el pavo, el pollo y la yema de huevo. Dado que la clara del huevo puede producir alergias, se recomienda introducirla después del año, así como el pescado y la proteína roja. El consumo de pescado es muy importante fomentarlo desde etapas tempranas. Recordemos que el pescado sobre todo el azul, tiene un alto contenido de Omega 3, del tipo del ácido eicosapentaenoico (EPA) y docosahexaenoico (DHA). Estas son grasas polinsaturadas que fomentan, entre otras, el desarrollo neurológico y visual, el sistema inmune y previenen los daños vasculares a lo largo de la vida.

Una vez el niño tiene sus 4 dientes centrales, las frutas ya pueden darse frescas, peladas y en trozos que el niño/a pueda sostener.

5. Introducir frutas y verduras durante los 1.000 dias.

El periodo de los 1.000 dias es clave para lograr un estilo de vida saludable en la vida adulto. ¿Por qué crees que es tan difícil empezar a comer verduras y frutas en la vida adulta? Después de los 2 años de edad, los pequeños desarrollan cierto temor por comer alimentos nuevos, a esto se llama neofobia alimentaria y es un proceso normal del desarrollo humano. Esta se produce como mecanismo de defensa frente a riesgos desconocidos (“comida desconocida”) y usualmente desaparece después de los 5 años, aunque a veces puede persistir hasta la edad adulta.

Los alimentos que el niño no haya probado en estas primeras etapas, será más difícil lograr que los acepte cuando sea adulto.

6. Recordar siempre: tu promueves la alimentación sana de tu hijo.

Es importante que tu hijo/a te vea comer verduras junto con tu pareja, y que alrededor de ellas, pueda percibir un ambiente de tranquilidad y bienestar, recuerda que repetirá lo que ve hacer a sus padres. En caso que las rechace, se recomienda no forzarlo a que las coma e intentar variar la presentación del plato, darlas en pequeñas cantidades y persistir en el intento varias veces. Es importante también evitar distractores durante la comida como la tele, para que  aprenda a valorar desde temprano el espacio de la comida como un espacio confortable y familiar. 

Recuerda dedicar tiempo para estimular el desarrollo psicomotor en esta etapa. Practica ejercicios con movimientos corporales, háblale, muéstrale diferentes colores y usa los juegos didácticos adecuados para su edad.