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Los bebés que pesan mucho o poco al nacer tienen más riesgo de autismo

El mayor estudio hecho nunca sobre el crecimiento fetal y el autismo ha concluido que los bebés cuyo crecimiento en el útero está en uno de los dos extremos, es decir o son muy pequeños o muy grandes, tienen mayor riesgo de desarrollar autismo. Esta conclusión se deriva de una investigación dirigida por la Universidad de Manchester y realizada a más de 40.000 niños suecos, que además de demostrar, por primera vez, que existe un claro vínculo entre los bebés que pesan mucho al nacer –más de 4,5 kg– y el riesgo de sufrir autismo, también confirma estudios anteriores que informaban que los bebés prematuros de bajo peso son más susceptibles a la enfermedad.

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¿El autismo se desarrolla durante la vida fetal?

El autismo afecta a cómo las personas interactúan con el mundo y con otras personas, y de momento no tiene cura. Los investigadores creen que tiene origen en dos causas genéticas y ambientales.

"Los procesos que conducen al autismo probablemente comienzan durante la vida fetal; los signos de la enfermedad pueden ocurrir antes los tres años de edad. El crecimiento fetal se ve influenciada por factores genéticos y no genéticos. Una comprensión detallada de cómo se desarrolla el crecimiento del feto y las formas en las que se asocia con el autismo son importantes si se quiere avanzar en la búsqueda de curas”, explica el profesor Kathryn Abel, del Centro de la Universidad para la Salud Mental de la Mujer y el Instituto del Cerebro, Comportamiento y Salud Mental, y director de esta investigación publicada en el American Journal of Psychiatry.

Un amplio estudio

"Hemos demostrado por primera vez categóricamente –añade Abel–, que el crecimiento fetal anormal en ambas direcciones aumenta el riesgo de trastorno del espectro autista ". El estudio se realizó entre 589.114 niños de 0-17 años de Estocolmo (Suecia) entre 2001 y 2007 a los que se practicó una ecografía temprana y luego se les hacía evaluaciones clínicas de su desarrollo social, motor, del lenguaje y las habilidades cognitivas.

Fuente: Universidad de Manchester