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Reducir y predecir la prematuridad, un reto para la investigación médica

En sociedades desarrolladas de un 7 a un 12 % de niños aún nacen prematuros. Una cifra que no se ha logrado reducir, a pesar de que se ha mejorado mucho la atención médica. Junto al retraso de crecimiento, es uno de los grandes retos que todavía necesitamos solucionar, pues ahorraría sufrimiento y dolor en miles de personas cada año, y reduciría el coste sanitario que supone para la sociedad.

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Causas y consecuencias de la prematuridad

Aunque la duración media de un embarazo son 40 semanas, se considera que la gestación llega a término a las 37 semanas y 0 días, unos ocho meses y medio. Si el parto se produce antes hablamos de un bebé prematuro. En sociedades desarrolladas todavía de un 7 a un 12 % de niños nacen prematuros. Una cifra que no se ha logrado reducir, a pesar de que se ha mejorado mucho la atención médica. La edad de las mamás cada vez es superior, hay más gestaciones múltiples y los movimientos migratorios todavía generan desigualdades.

El principal problema de la prematuridad es que el feto, que durante todo el embarazo se prepara para la vida extrauterina, todavía no ha terminado su proceso de maduración al 100%. Si el futuro bebé no está lo suficientemente desarrollado puede ser incapaz de realizar bien funciones básicas para sobrevivir en el mundo exterior, como respirar, hacer la digestión, regular su calor corporal, o defenderse de las infecciones con su sistema inmunitario.

Siempre es un riesgo 

Desde un punto de vista estadístico, la prematuridad supone siempre un riesgo, pero éste varía según el momento del nacimiento y es más grande a más precocidad. Solemos usar la analogía de comparar el embarazo a bajar un piso por semana en un edificio de 40 plantas. El viaje está diseñado para salir por la planta 0 sin problemas. Si saltamos antes, nos podemos hacer daño y necesitaremos ayuda. A partir de cierta altura, incluso aunque vengan todos los bomberos del mundo, el riesgo será muy elevado.

Todo prematuro debe ser siempre atendido por un médico al nacer, y en ocasiones se requiere el ingreso en una unidad de neonatología. Allí, los bebés están en una incubadora, con el calor que necesitan y en ocasiones con soporte para poder respirar. En general, el índice de supervivencia es muy alto en bebés nacidos por encima de las 32 semanas, alto en nacidos por encima de las 28, y más bajo en aquellos nacidos entre las 24 y 28 semanas, aunque bastantes puedan conseguirlo.

Un duro golpe

El impacto de la prematuridad es alto tanto a nivel familiar como social:

- Por el gasto sanitario que representan. El ingreso en una UCI especializada puede llegar a prolongarse semanas o meses. Los niños nacidos prematuros requerirán muchas más atenciones durante la infancia. Todo ello representa un elevado coste para la sanidad pública.

- Por la dura vivencia para sus padres, que se enfrentan a una situación muy difícil. Han tenido un hijo pero no pueden disfrutarlo como habían creído y como habían visto en las personas de su entorno. Están separados de su hijo, viven una situación de estrés que les aísla, no sólo de amigos si no a veces del resto de familia. Es una situación poco comprendida y difícil de compartir. Si bien muchos prematuros sobreviven sin apenas secuelas, requerirán muchos cuidados los primeros meses y años. Así, los padres de niños prematuros sufren más problemas psicológicos y requieren con frecuencia ayuda. Es muy útil hablar con otros padres, y acudir a los grupos de ayuda que ofrecen varias asociaciones.

Predecir y reducir la prematuridad: un reto

En definitiva, la prematuridad es uno de los problemas más frecuentes del embarazo. Junto al retraso de crecimiento, es uno de los grandes retos que todavía necesitamos solucionar. Genera un gran coste sanitario, sufrimiento y dolor en miles de personas cada año. Por eso es tan importante continuar investigando para predecir y reducir la prematuridad. Cualquier avance que nos permita alargar los embarazos prematuros sólo dos o tres semanas más nos permitiría cambiar la vida de cientos de miles de familias en el mundo cada año.

 

Por Eduard Gratacós