noticias

Blog del editor

Embarazo, tabaco y alcohol: por un poquito, ¿no pasa nada?

Aunque la actitud frente al alcohol y el tabaco en el embarazo ha evolucionado mucho en los últimos años, todavía se oyen frases como “más vale fumar que estar estresada, aún peor para el feto” o “por una copita no pasa nada” de boca de embarazadas o de sus conocidos. ¿Es eso cierto? ¿Hasta qué punto es perjudicial consumir alcohol o tabaco embarazada? La ciencia nos da las respuestas.

alcohol-fumar-embarazo

De la madre al feto

En primer lugar, es importante tener en cuenta que todo lo que toma la madre, pasa inmediatamente al feto en la misma cantidad. Por lo tanto, cada vez que la futura mamá da una calada a un cigarrillo es exactamente como si le ofreciera esa calada a su hijo de dos años, por poner un ejemplo. ¿Es posible que por esa calada “no le pasara nada” al niño? Sí, seguramente, pero seguramente ninguna madre pondría un cigarro en la boca de sus hijos pequeños. Hoy en día todo el mundo se escandalizaría ante tal actitud, pero la visión de una embarazada fumando seguramente no despierta la misma reacción. Sin embargo, la realidad es la misma en los dos casos.

Los efectos nocivos del tabaco en el feto

Así pues, con cada cigarrillo todos los efectos nocivos del tabaco se traspasan de forma amplificada al feto, que ve reducida la cantidad de oxígeno en sangre durante unos minutos y recibe la misma concentración de nicotina en sangre que su mamá. Numerosos estudios han demostrado la relación entre el consumo de tabaco (incluso en cantidades mínimas) y peores resultados en el embarazo, como el bajo peso al nacer o la prematuridad, y que incluso los hijos de fumadoras pasivas tienen más riesgos en el embarazo y peor desarrollo neurológico. Por lo tanto, no solo no hay que tocar el tabaco, sino que hay que alejarse del tabaco, exigir que nadie fume cerca de la embarazada y evitar que ésta esté en una sala donde se haya fumado previamente. Los efectos del tabaco son altamente perniciosos para un feto en desarrollo. Y por supuesto, muchísimo peores e incomparables que unos supuestos efectos de la ansiedad materna por no fumar.

La toxicidad del alcohol para el cerebro

Con el alcohol nos encontramos en una situación muy parecida. En esencia, si el alcohol puede considerarse como un tóxico para el cerebro desarrollado, es fácil entender que su toxicidad es aún mayor para un cerebro que se está formando. Así pues, cada vez que la futura madre ingiere alcohol, éste llega al cerebro fetal en cuestión de minutos, interfiriendo en su desarrollo. Una vez más, es posible de que por una sola copa un día no pase nada, pero podemos recurrir al ejemplo anterior. ¿Daríamos un vaso de vino a un niño de dos años? Por tanto, no se lo demos a nuestro futuro hijo o hija. La recomendación es clara: no se debe consumir alcohol en ningún momento ni cantidad a lo largo del embarazo, especialmente durante los primeros meses, ya que siempre existe la posibilidad de que interfiera en algún proceso crítico del desarrollo cerebral fetal.

¿Y si he consumido antes de saber que estaba embarazada?

Una de las consultas más habituales al confirmar un embarazo es la preocupación por haber consumido alcohol o tabaco estando ya embarazada de pocos días pero sin saberlo. En este caso, lo mejor es tranquilizarse, ya que estamos ante una fase muy precoz del embarazo en la que aún no se ha empezado a formar el cerebro fetal; no obstante, si se está buscando un embarazo de forma consciente es muy recomendable reducir o evitar el consumo de estas sustancias para poder iniciar un embarazo en plena salud materna y fetal.

Por Eduard Gratacós