Infecciones: ¿Y si sufro una infección por estreptococo del grupo B?
Entre las 35 y las 37 semanas se realiza un cultivo de la vagina y el recto para determinar la presencia de bacterias tipo estreptococo del grupo B. Estas bacterias no suponen una infección para la madre, simplemente pueden formar parte de la flora vaginal o intestinal en un 10-30% de mujeres.
En cambio si la madre es portadora, durante el parto el bebé se puede infectar y causar una infección severa en el recién nacido por lo que en caso de detectar la bacteria en la madre, se realiza tratamiento antibiótico durante el parto para reducir el riesgo de contraer el bebé la infección al nacer.
Infecciones: El citomegalovirus
El citomegalovirus es un virus que se transmite a través del contacto directo con fluidos del organismo de una persona infectada. Durante el embarazo, la madre puede transmitir al bebé el virus a través de la placenta, durante el parto a través de fluidos infectados o a través de la leche materna infectada. En los bebés que contraen el citomegalovirus durante el parto o por la lactancia no suelen presentar sintomatología por lo que las madres infectadas pueden tener un parto vaginal y, excepto en los partos prematuros extremos, amamantar a sus bebés.
La detección de la infección no se realiza de forma rutinaria durante el embarazo; solo se solicitan las pruebas en caso de síntomas (fiebre, ganglios inflamados y dolor de garganta) o bien signos ecográficos sugestivos de infección.
En caso de sospecha o diagnóstico de infección materna por citomegalovirus, se realizará un control ecográfico más frecuente y es posible realizar una amniocentesis para detectar la infección fetal, aunque esto no es definitivo de afectación en el recién nacido.
La infección materna tiene una transmisión al feto que aumenta con las semanas de embarazo, (30% en el primer trimestre, 45% en el segundo, 65-70% en el tercero) aunque la afectación fetal es más grave y con secuelas cuando la infección materna se produce antes de las 24 semanas.
Los síntomas en el recién nacido pueden ser: retraso de crecimiento, convulsiones, déficit visual, déficit auditivo y retraso psicomotor.
Infecciones: ¿Y si tengo la varicela durante el embarazo?
Las semanas de gestación en las que ha sucedido el contagio por varicela es un factor importante a tener en cuenta. Aunque la afectación fetal es rara, durante el primer y segundo trimestre puede ser en forma de lesiones en la piel, catarata congénita, retraso mental y convulsiones. Es posible realizar una amniocentesis para descartar la infección fetal.
El contagio de la varicela durante el primer trimestre supone un riesgo de afectación fetal de entre 0,5 y un 1%. Entre las 12 y las 20 semanas el riesgo es del 1,5-2%, volviendo a disminuir entre las 21 y las 24 semanas por debajo del 0.5%. Entre las 24 y las 28 semanas el riesgo de afectación fetal es excepcional.
Cuando la infección por varicela sucede próxima al parto, el riesgo de que el bebé tenga una varicela neonatal es del 50% por lo que se intenta frenar el parto hasta una semana tras la aparición de las lesiones de la madre para que haya tenido tiempo a formar anticuerpos y pasarlos a través de la placenta al bebé. En cualquier caso, si no es posible frenar el parto, se pueden administrar inmunoglobulinas que disminuyen la severidad del cuadro.
A nivel materno existe un 10-15% de riesgo de padecer una pneumonía por varicela, que durante el embarazo acostumbra a ser más grave, por lo que ante síntomas como tos, fiebre y dificultad respiratoria en pacientes con varicela, se debe descartar esta complicación.
Infecciones: ¿y si me detectan toxoplasmosis?
La toxoplasmosis es una infección causada por un parásito llamado Toxoplasma gondii y que se transmite por comer carne infectada cruda o poco cocinada, tomar agua, frutas o vegetales frescos contaminados o tocar tierra contaminada o arena de la caja de un gato con el parásito.
Esta infección suele ser leve fuera del embarazo pero durante el embarazo, dado que puede infectar la placenta y el feto, puede llegar a ser una infección potencialmente grave para el bebé.
No siempre que se detecta una infección por toxoplasmosis durante el embarazo ésta se transmitirá al bebé. De hecho, la probabilidad de transmisión aumenta a medida que transcurre el embarazo (5% menos de 12 semanas, 15% de 12 a 16 semanas, 25% de 17 a 23 semanas y 60% a partir de 24 semanas), pero la afectación fetal es más frecuente en las primeras etapas de la gestación siendo menos frecuente a medida que avanza el embarazo (60% de afectación del bebé por debajo de las 16 semanas; 25 % entre las 17 y las 23 semanas y 15% a partir de las 24 semanas).
Ante la sospecha de infección materna por toxoplasma, se recomienda la realización de una amniocentesis para determinar si existe infección fetal. En cualquier caso, se iniciará un tratamiento antibiótico para reducir el riesgo de transmisión de la enfermedad al bebé y se realizará un control ecográfico más seguido para detectar posibles marcadores de infección fetal.
Las consecuencias para el bebé si ha contraído la infección pueden ser desde leves a graves; si bien los casos más severos son poco frecuentes pueden existir problemas estructurales cerebrales, retraso mental, trastornos motrices, parálisis cerebral y convulsiones. También puede existir afectación ocular llegando a producir ceguera en los casos más graves.